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La Coctelera

   

Categoría: Donde los lugares se vuelven verbo

10 Diciembre 2005

La fábrica de hacer lunares

 
 
-“Vamos todos al Norte
no se a donde, solo al Norte.
 
(Me daría miedo ir al Sur)”
.
.
Ahí la sangre es un poco rara,
se cambian ausencias por desencanto,
se lustran ojos por solo una libra;
es el perfecto nirvana,
es el alquitrán derretido sobre la piel.
Pero ahí nunca iríamos,
no,
no,
NO.
.
Tengo ganas de
llenar de algodón
algunas gargantas,
y que se licue su savia
hasta los hombros del montón ignorante.
Esa es mi gente, mi pequeño mundito
plagado de ogros y cíclopes pedantes,
tan acomodados todos
como pilares que sustentan
al elefante que se nos quema,
y se sigue quemando
en infinitas cantidades de minutos
de desesperación eterna.
.
No le encuentro la cola
o es que no es cola sino cabeza,
que si se corta con metal
se duplica.
Solo se calma de a garrotazos
impulsados por un Hércules
encajado en un traje de etiqueta,
todo mojado y sosteniendo
los últimos suspiros
de su padre adoptivo

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18 Septiembre 2005

Líquido

.
.
Las fronteras que
crean un plano
para la intersección
de la sol,
y de cualquier astro
con ganas de clavar huesos
en la arena roja.
Yo convierto las tijeras en hipocampos sedientos,
las convicciones en armaduras
y a los visionarios
en esclavos sin sueños
.
.
-los ronquidos del minotauro-
.
.
Me acerco,
me escondo,
tomo mi escudo
y enfoco el reflejo
hasta los ojos del Cesar
que sostiene
su péndulo horizontalmente
titubeando, escuchando
al pelotón
.
.
Me gustaría que
me escuches gritar padre,
o que sientas cuando
te muerdo las rodillas
.
¡Basta!
.
¡Basta!
.
Las teclas de la máquina de escribir,
los galgos preparados para ganar,
la cicatriz de la arcilla
desarma el equilibrio
de la obra
quieras
o no.

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12 Septiembre 2005

Agujeros negros


.
Por último:
podríamos empezar a movernos
entre los compases
del funky fusión
que dibujé
sobre tu ombligo
mientras salpicabas
con aerosol interactivo
mis expectativas
.
Ahora,
- a esta hora-
espiabas de a ratos
la boca de madera
que amenazaba con soltarnos
a las madres de leche en polvo
.
Los pelos afrodisíacos
de la tarántula,
escupidos desde su alma
hasta encontrar
el café perfecto. En fin,
una cosa llevó a otra, y
los lobos azules esbozados entre
las bolsas de basura
y la nieve, y los trineos,
y los alacranes
te lamieron los pies,
yo lamía tus labios
.
Ahora,
-a esta hora-
voy a ocultarme
en el féretro de mis cubrecamas,
a montar las esfinges
mientras me abrocho
en el techo,
mientras memorizo
la fórmula de cómo empezar
una conversación

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8 Septiembre 2005

Desde las ciudades varguardistas


.
.
-"Desayunar es
llenarse el estomago
de lujuria matutina..."
.
Calmémonos
en ese hueco
y en nuestra carne blanca;
el ojo de la espiral,
el ombligo sustanciado
Como gorriones o pterodáctilos,
colgados bocabajo
en un árbol primaveral
.
Detrás del cristal
esta el calor
y detrás del calor:
la ventana
Flotemos en silencio,
es decir:
en gimoteos silenciosos
.
Como un maniático turista
en esos jardines sacrílegos,
te encuentro
en el carozo del durazno,
o en su escandaloso cutis
rosáceo por el pecado
.
Calmados ya,
entre malezas sajonas,
en un parque vanguardista,
toco el costado de tu vid
con mi dedo:
sudado y desprovisto vid
en señal de
muerte-deseo-muerte
Pero te vas a buscar
alguna uva extraviada
debajo de la alfombra de hierbas
mientras un tal Manet
dibuja unos bocetos
en un lienzo

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6 Septiembre 2005

Recuerdo bulevar

Y las paletas del ventilador continuaban girando, y con ellas todo el armazón casi amenazando con caer en su cabeza, pero a la vez no. La ropa colgada en el tendedero que atravesaba el cuarto. Fernández seguía con esa frenética ansiedad que a veces ata un poco a la responsabilidad, así como la necesidad de tantear (tarde y desesperadamente) en el bolsillo las llaves de la casa luego de salir a la calle, o sentir que un trámite que se hizo esta inconcluso y uno necesita cerciorarse para su tranquilidad. Pero no sabía bien porqué, talvez porque la lóbrega noche le obligaba a loar todo aquello que otros investían y el no; eso talvez lo desvelaba."Para algunos todo el año es primavera" dijo en un momento de inspiración Juan Carlos Biliardi en la placita del bulevar, seguro divagando por toda la marihuana que había fumado, pero encajó en el lugar perfecto; por lo menos para Fernández. Y mientras, las paletas y el ventilador daban vueltas haciendo un ruido cada vez más escandaloso. Después de todo no le importaba tanto eso, era otra cosa, como algo pendiente, como una obligación ocasional pero de absoluta importancia que lo carcomía de preocupación. En un momento en la plaza en el que Biliardi se calló, Fernández en su cabeza sabía bien que la noche se iba a tornar cada vez más y más espantosa, y comprendió bien que un poco de alcohol y algunas personas no matan la depresión; esas situaciones en las que uno se advierte solo en un gran grupo de sujetos, justo entre las ganas de permanecer así (en aislamiento) y entre la espera de la aparición de alguien interesante para su inclusión en el montón. Y de seguro era solo eso, las ganas de que la veterana esperanza por fin sea fructífera y traiga la felicidad por un momento nada más. Y el ventilador que lenta pero estridentemente se desprendía de la pared, y ya casi alcanzaba su cabeza. Quizás lo que percibía en su aburrido y rutinario cuerpo se llamaba fracaso: levantarse todos los días a las cinco, prepararse unos mates, soñar con que algún día una majestuosa mujer como la Gitana volviese a entrar por la puerta de su casita (esa que ni siquiera era puerta; aquella que era un manta colgada de lo superior del marco donde debería haber estado siempre una puerta), ir a la fabrica y morir de vuelta en la cama. Pero la frustración no era algo pendiente, era algo constante en él y se concebía diferente, de una forma resignada y dolorosa. Pero esto era como algo mal hecho, desinteresadamente o por instinto realizado. El ventilador (todavía andando y colgando de sus propios cables) caía sobre él, y las paletas despedazaban sus manos, su rostro y cuero cabelludo, sus ojos y cuello. Y ahí se acordó: había puesto a calentar agua en la pava para hacerse un café, y la dejó olvidada en la hornalla encendida.

FIN

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29 Junio 2005

El cementerio y réquiem de mi abuelo

Sucede que no quería esperar más ahí, estaba apurado y tenía cosas más importantes que hacer. Una niña que lloraba a mi lado me miró fijamente como descubriendo mi propósito criminal:
.
-Puto –me dijo, y me dejó perplejo con el odio que esas palabras salían de su boca-
-¡Puto de mierda!-esta vez más fuerte-
.
Comenzó a pegarme patadas y puñetazos en mis piernas hasta que su madre la detuvo pidiéndome disculpas. Yo no conteste, miré por un rato a la nena que lloraba con un aire de impotencia. Empecé a caminar con un paso medianamente rápido, espiando a ver si alguno de los pocos presentes me descubría en mi intento de huída y mientras salía por la lúgubre y enorme puerta, levanté la mirada y el cielo estaba nublado. Era un día hermoso.

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16 Junio 2005

En germen

Futuro: se cosen los ojos en grises platinados. Tristeza es como explorar tu nombre, es filtrarme en pasillos interminables y túneles albinos, en fin: comerte de a poco.
Extrañarte no es gran cosa: las calles huelen igual, aunque los subtes un poco más a mierda que antes. El aire es más espeso – neblinas de Fiji -.Y aunque no me dificulta respirar, me aprieta un poco el lagrimal ese cielo apagado; el anfiteatro de tu odio.

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Salgo a la calle y al final gente naranja, ciudades naranjas, mundos naranjas. Y el sr. Naranja dice: "¡Puta!, otra naranja seca"

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