Algo amenaza la mañana,
pero la mañana es tan hermosa,
sus pies se animan a caminar
hasta la vereda y
luego se vierten sobre el cielo
y el danzante smoke
que vigilan todo el infinito
desde una taza de café
en un bar porteño.
Ella juega al scrabble
y conoce su secreto,
no es como todos
que solo buscan calmar la angustia
con una u otra
palabrita idiota,
y escapan del apuro
como quién esquiva a la petite morte
solo por el auto recelo
de ser insuficiente.
.
Los vestigios sobre su piel
le duelen en los dedos
como la mermelada
de la noche que ensucia siempre
las garras de su tigre de bengala.
Ella no existe ni siquiera
en el aburrido cosmos
de la calle,
ella es de papel amarillo.
servido por Aitor
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Es Purpurina
obscura como los jueves de cable
en los cuartos de luz azul
.
Pretende los mordiscos
de los badenes
y guarda hojas en un bolsito
negro, tan negro
como mi Purpurina.
Ella es sabia como un árbol,
y vuelca ámbares
de luna llena, de místicos recuerdos
sobre sucias alimañas
que tocan sus labios
y sus manos y pies
y la hacen llorar cual niña frágil.
Ahí deja de ser mía,
para volverse
como una estatua de sal
esperando el bocado
que la haga hundirse
en mares oníricos
y clases de ballet,
y en todo lo que le gusta.
Ya no está fría,
ahora es un almohadón,
un objeto lleno de sentimientos
que lo acolchonan a uno
o a mi, ¿que se yo?.
Solo quería escribir
para recordar esa tarde con Purpurina
en la que nos desnudamos
y sin darnos una sola mirada de lujuria
corrimos descalzos sobre el pasto
amorfa mente perfecto.
Y ahora lo estás leyendo vos.
Que absurdo es esto
de intentar contarnos cosas.
servido por Aitor
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