La Purpurina me ensucia pañuelos bien blancos

Es Purpurina
obscura como los jueves de cable
en los cuartos de luz azul
.
Pretende los mordiscos
de los badenes
y guarda hojas en un bolsito
negro, tan negro
como mi Purpurina.
Ella es sabia como un árbol,
y vuelca ámbares
de luna llena, de místicos recuerdos
sobre sucias alimañas
que tocan sus labios
y sus manos y pies
y la hacen llorar cual niña frágil.
Ahí deja de ser mía,
para volverse
como una estatua de sal
esperando el bocado
que la haga hundirse
en mares oníricos
y clases de ballet,
y en todo lo que le gusta.
Ya no está fría,
ahora es un almohadón,
un objeto lleno de sentimientos
que lo acolchonan a uno
o a mi, ¿que se yo?.
Solo quería escribir
para recordar esa tarde con Purpurina
en la que nos desnudamos
y sin darnos una sola mirada de lujuria
corrimos descalzos sobre el pasto
amorfa mente perfecto.
Y ahora lo estás leyendo vos.
Que absurdo es esto
de intentar contarnos cosas.


Salgo a la calle
y al final
gente naranja,
ciudades naranjas,
mundos naranjas.
Y
el sr. Naranja dice:
"¡Puta!, otra naranja seca"